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Autor Tema: Varios relatos  (Leído 287 veces)
shikander2007
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Ibrahim Sekagya (45 cm)

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« : 30 de Diciembre de 2006, 06:18:57 »

Culeando en el Polvomovil

Mi vida cambio bruscamente cuando conocí a Francisco. Recuerdo que fue con ocasión de un asado por el cumpleaños de una tía, en el que había cualquier cantidad de gente de todas las edades, conocí a Francisco.

El era amigo de los dueños de casa, estaba separado y entonces tenia unos 30 años, tenia una pinta sensacional, ojos verdes, rubio, un trasero muy abultado, su pecho cubierto de pelos, piernas gruesas muy atléticas, y sus hombros muy anchos y fuertes, y andaba muy bien vestido. Estaba para comérselo vivo, tenia un cuerazo y era muy amable y simpático.

En un momento él me invito a bailar, y mientras lo hacíamos yo me le acercaba lo más posible, rozándolo con mis pechos, y tocando su cara con mi mejilla. Durante el baile pude notar que él me apretaba contra su cintura cada vez más, hasta que de pronto comencé a sentir en mi vientre, su incipiente erección. Pensé que si me apartaba en ese instante, después de haberlo estado provocando, Francisco no se me acercaría para invitarme a bailar de nuevo, así que lo deje que refregara su protuberancia contra mi cuerpo.

Al poco rato, él se me acerco y me invito a bailar nuevamente, curiosamente el disco otra vez era para bailar abrazados. Sin duda que a Francisco le había gustado mi disposición anterior, y yo estaba simplemente fascinada por la oportunidad de estar con un hombre como él. Así que sin pensarlo mucho, nuevamente comencé a coquetear sensualmente mientras bailábamos, claro que ahora mientras lo hacia, él me decía lo bonita y estupenda que yo estaba y lo encendido que se sentía conmigo. Yo le sonreía y le hacia gestos sensuales.

De pronto me dijo que era una pena que hubiera tanta gente conocida, porque le encantaría estar a solas conmigo, yo también me había calentado mucho y de todas maneras quería darme una agarrada con él, así que le respondí que no había problema, y que si el quería yo lo esperaría en el baño del segundo piso.

Instantes después mientras él bebía y conversaba con algunos amigos, subí por la escalera y desde el pasillo le hice un guiño cómplice. Por la mirada que me dio, no dude ni un instante que me seguiría y partí en dirección al baño.

No tuve que esperar mucho rato, ya que a los pocos minutos senti que alguien golpeaba la puerta del baño, pregunte quien era y él se identifico. Apenas entró al baño, me tomó entre sus brazos y comenzó a besarme y a correrme mano, yo me dejaba hacer y cooperaba, me empezó a besar el cuello, hasta que se acercó a mis tetitas, cuando quiso sacármelas fuera del sostén, yo me asusté un poquito y traté de tomar sus manos, él me agarró una mano y me la puso encima de su órgano genital.

Al palpar su miembro totalmente endurecido y erecto, yo me engolosiné y comencé a apretárselo y a sobárselo, dejé el campo libre hacia mis tetas, Francisco empezó a tocar mis senos, me desabotono la blusa, y deslizó su mano dentro de mi sostén, yo acariciaba la protuberancia de sus pantalones, mientras trataba de desabrochar su cinturón de cuero. El aprovecho para chuparme las tetas, era tanto la excitación que me producía que yo gemía y jadeaba descontrolada.

Sus inquietos labios llenos de deseos recorrían incansables, el promontorio de mis senos, escalando alternada y reiteradamente cada uno de mis pechos.

Mis pequeños y suaves senos, fueron inflamándose, a medida que él succionaba mis pezones rosados, excitándome al de tal manera que no podía evitar revolverme bajo las atenciones de sus los labios, que ardientes se paseaban desde mis excitados senos hasta mi cuello, estimulando y haciendo estallar todos mis centros de placer.

Notando que ya tenia el control, metió sus manos por debajo de mi vestido y comenzó a acariciar mis nalgas, cuando sintió el contacto con mi carne dura y tersa, se puso recaliente y trató de meter sus dedos en mi vagina, nuevamente yo me resistí y me puse difícil, así que él opto por la misma técnica anterior, de calentarme y entusiasmarme, se saco el pene hinchado y me lo mostró en todo su esplendor.

Quede fascinada ante las dimensiones del miembro que Francisco me ofrecía, él me pidió que se lo tocara, dude un instante, pero la verdad es que realmente estaba excitada y deseaba continuar con el juego, así que no solo se la agarré sino que comencé a pajeársela.

Un extraño y ahogado gemido salió de su garganta, mientras con su boca me mordía suavemente los labios y con sus manos apretaba fuertemente mis nalgas. Yo sentía una agradable sensación, había tal poderío en esas manos y sin embargo no me hacían daño, pues al mismo tiempo tenían una especie de ternura.

Una de sus manos se desplazó por entre mis muslos, hasta encontrar mi excitada vulva, comenzó a accionar sus dedos incitantemente. Su mano estaba posada sobre mi pequeño calzón, y rozaba mi sexo a través de la tela, yo abrí más mis muslos, para que él accediera a mi sexo caliente.

Alejandro me besó y recorrió con sus manos hambrientas toda la piel de mi vientre, mi cuerpo se arqueo empujando mi húmeda vagina hacia sus dedos. El los movía meneándolos sobre mi entrada, torturando mi sexo con sus manoseos, junto con refregarme mi cosita intentaba penetrar en mi conchita a través del calzón lentamente arrancándome gemidos de placer.

Debido a mi excitación no tenía conciencia, ni voluntad para oponerse, solo opté por echar mi cabeza hacia atrás, y dejarme hacer. Por lo demás sus caricias me producían unas sensaciones exquisitas, aunque me provocaban un cierto nerviosismo.

Perdí entonces la noción de todo lo que me rodeaba y una loca sensación de gozar, de ser perforada por su voluptuoso miembro se apoderó de mí. No dije nada cuando él comenzó a desplazar el borde de mis cuadros, instintivamente separe un poco mis piernas y Francisco tuvo vía libre a mi cosita.

Aparto el elastico de mis cuadros hacia un lado y comenzó a rozarme el clítoris, poco a poco mi vagina se fue humedeciendo, sentía correr mis juguitos por entre sus ardientes dedos. De pronto me giró contra el lavamanos y me levantó el vestido, cuando vio mi trasero, dio un suspiro de placer y trató de bajarme los calzones, mientras con ojos golosos miraba la frondosidad que se estremecía frente a sus ojos. Yo no deje que lo hiciera, porque aún no estaba convencida de querer que me penetrara, así que me abrazó con fuerza y corrió hacia un lado el calzón, mientras me pasaba la cabeza del pene por mi húmeda hendidura.

Yo me comencé a desesperar y a asustarme, él me pidió que lo dejara penetrarme, entonces le dije lo mucho que él me gustaba, pero que no deseaba tener relaciones sexuales, también le dije que podíamos hacer de todo pero sin penetrarme. Francisco me bajo los cuadros, hasta dejar totalmente a la vista mi trasero, acomodo su inflamado pene entre mis piernas y con su mano empezó a refregármelo entre los pliegues de mi vagina y sobre mi clítoris, mientras con la otra mano comenzó a pajearme, este tratamiento me calentó tanto, que comencé a mover las caderas mientras él se movía entre mis nalgas con los movimientos del coito.

Después de unos minutos, empezó a jadear más fuerte y a gemir agitado, me di cuenta que se correría prontamente, en ese instante él puso su pene entre el canal que separa mis nalgas, y tomándome de las caderas con ambas manos comenzó a dar fuertes empujones, frotando toda la extensión de su miembro entre mis nalgas, yo sentía un inmenso el placer, cuando me rozaba con el tronco de su pene los pliegues de mi ano.

Su acabada fue intensa, se le doblaron las piernas, puso sus manos en el lavamanos para no caerse, en ese momento sentí correr su semen por sobre mi trasero y deslizarse entre mis nalgas inundando mi ano. Yo sentía que este palpitaba como queriendo beber el semen que lo recorría. El calor ardiente que irradiaba su moco traspasaba mi piel, y en ese momento deseé con toda mi alma haberlo tenido dentro mío. Francisco se recupero lentamente y fuimos acomodando nuestras ropas entre besos y abrazos, entonces él me dijo que había sido una experiencia maravillosa y que deseaba salir conmigo en otra oportunidad.

Volvimos a la fiesta, estuvimos conversando y bailando el resto de la noche, antes de que yo y mis padres nos retiráramos, le di mi numero de teléfono y él me prometio llamarme para encontrarnos.

Al día siguiente me llamo, deseaba verme y queria pasar a buscarme a mi casa, pero yo le explique que a mis padres no me daban permiso para pololear y que me era muy difícil salir de la casa, así que mejor nos encontráramos a la salida del colegio, en alguna parte cercana.

Nos encontramos y fuimos a servirnos algo. Después me propuso que fuésemos a alguna parte para estar tranquilos. La verdad que desde la noche anterior, yo no había podido apartar mis pensamientos de los acontecimientos que habían sucedido. Había estado tan cerca de ser penetrada por Francisco, y sentir su eyaculación entre mis nalgas me había excitado tanto, que me había masturbado dos veces durante el día pensando en que él me penetraba.

Fuimos a pasear en su auto a Parque de la Naturaleza, como eran las dos de la tarde y día de semana, el lugar estaba muy solitario. Francisco encontró un solitario lugar, debajo de unos frondosos arboles y se estaciono. Apenas estuvimos solos y tranquilos en el auto, comenzamos a atracar muy calentonamente. Yo con toda intención me había vestido con el jumper y una blusa blanca abotonada, en vez de los acostumbrados pantalones, a fin de facilitar las caricias y manoseos.

De pronto subió su mano y metiéndola por entre mis muslos, acarició mi hinchada y golosa vagina. Yo en tanto poco a poco iba moviendo mis caderas arriba y abajo, mientras él manoseaba mi hendidura con sus dedos. Cuando alcanzó los húmedos labios vaginales, sus dedos conquistaron el anhelado territorio sin tener ningún impedimento, al contrario lo halló húmedo, resbaladizo, y totalmente dispuesto a recibir placer.

Mi sexo se hincho de pasión, sentí endurecerse mi clítoris, inflamado por la excitación. A esas alturas yo ya estaba desesperada de tanta calentura en mi cuerpo, mi boca pedía a gritos un pene potente, activo y muy bien dotado, que quisiera dejarse gozar de manera insaciable, por mis labios. Al mismo tiempo que elogiaba mi cuerpo, Antonio se acariciaba descaradamente su miembro por sobre el pantalón de manera muy lasciva.

Entre caricias y besuqueos, él se bajo sus pantalones hasta las rodillas, alzo su camisa y exhibió a mi vista, su miembro tremendamente erecto, con la luz del día podía observarlo en todo detalle, tenia la cabeza ancha como ciruela, muy roja y gruesa, pero de un tamaño bastante normal. Se le encorvaba considerablemente hacia arriba, mostrando el increíble grosor del tronco y lo hinchado de su conducto central.

Sin esperar ni un momento, comencé a masturbar su miembro que estaba absolutamente rígido, con su cabeza hinchada y brillante, y a través de su torso se podían apreciar como sus venas hinchadas lo surcaban. Entonces sentí el inmenso deseo de mantener su grueso miembro en mi boca, lo hice durante largos minutos, hasta casi sentir que su glande copaba por completo mi cavidad bucal, él estaba casi que explotaba de satisfacción.

Francisco deslizo su mano hasta mis nalgas, abriéndolas y separándolas como si quisiera partir en dos mi trasero. Enseguida comenzó a tocar mi vestíbulo posterior, tocando mi ano y empujando suavemente un dedo hacia mi interior.

Estos juegos despertaron mi curiosidad ya que sentía un agradable cosquilleo en mis interiores, comencé a pensar cual, seria la sensación de sentir su pene en mi trasero. Para comunicarle mis deseos a Francisco, comencé a exagerar mis quejidos y suspiros, mientras empujaba mi trasero hacia sus dedos, que a estas alturas se habían introducido suavemente en mi ano, ya que estaban empapados con mis jugos vaginales.

Francisco comprendió el mensaje y me invito a que nos acomodáramos en el asiento posterior. Me recostó boca abajo, y con las dos manos continuo acariciando mis nalgas, luego acerco su lengua y empezó a pasármela alternativamente entre mi vagina y mi ano, cuando mi ano estuvo muy mojado, comenzó a introducir y a sacar su lengua en mi orificio anal.

Luego subió suavemente pasando siempre su lengua por mi espalda, hasta que se recostó sobre mi. Cuando note su pene inflamado entre mis nalgas, yo levante mis caderas lo que más pude; para facilitarle la penetración, él empezó con suaves movimientos de vaivén entre mis nalgas, tocando mi ano con la hinchada cabeza de su pene, pero aún sin intentar introducirlo. De pronto se arrodillo entre mis piernas, y tomando con una mano su miembro lo dirigió hacia mi vagina.

Yo lo retuve y le explique que aunque deseaba que él me penetrara, tenía mucho miedo de quedar embarazada. Lo primero era cierto, ya que desde que mi primo Roberto me había culeado yo había estado loca de ganas de repetir la experiencia pero hasta ahora, no había dejado que nadie me penetrara.

Cuando me masturbaba acostumbraba a introducir objetos que asemejaran un pene en mi vagina, en cuanto a lo segundo eso si era absolutamente cierto, pues a pesar de las ganas que había tenido en ocasiones, de dejar que me la metieran, el pánico a quedar embarazada había sido más fuerte.

Francisco me miro dulcemente, y junto con besarme me dijo que no me preocupara de nada, y que él me haría el amor de tal manera que me penetraría y yo no correría ningún riesgo de embarazarme. Entonces reanudo sus preparativos, toco mis pliegues íntimos, y comenzó a pasar la cabeza del pene con movimientos en redondo y dando cada vez más presión a mi vagina, empujando un poquito más fuerte cada vez.

Sentí el contacto del órgano masculino con los rosados labios de mi entrada intima y me sentí inundada por una excitación que me consumía, lo tomé con mi mano y apoyé el extremo enrojecido en el lugar deseado. Inserto la cabeza, la dejo así, un momento, la verdad sentí una pequeña molestia, pero estaba ansiosa de que me lo metiera todo, así que me aguante. Me parecía increíble que ese aparato, cuyo volumen aumentaba a medida que iba logrando encajarlo, pudiera ser disimulado en toda su longitud por mi angosto pasadizo.

Yo advertía extasiada como el magnifico ariete iba hundiéndose sin compasión entre mis piernas, a pesar del grosor de su herramienta, y tomando en cuenta que era solo mi segunda penetración, el dolor que sentí fue insignificante.

Francisco comenzó entonces a moverse, gozando de la gradual penetración de su pene en mi vagina. Poco a poco, con deliberada lentitud, lo hacia avanzar un poco y luego retrocedía, para volver a empujar y avanzar otro tanto, hasta que supe que me lo había metido todo, ya que sentí el roce de sus pelos en mi trasero.

El comenzó a moverse dentro mío con mucha suavidad, primero lo retiraba hasta casi sacarlo, para enseguida volver a penetrarme hasta el fondo, luego fue acelerando el movimiento y yo lo acompañaba con mi propio ritmo, levantándole mis caderas, cada vez que él me lo enterraba. De pronto él me la sacó porque estaba a punto de derramarse y deseaba aprovechar al máximo la situación antes de hacerlo. Yo seguía recostada boca abajo con mi trasero levantado, él comenzó a pasar su pene por mi culo y por mis nalgas, provocándome intensas sensaciones.

Luego mojo con mis jugos la cabeza del miembro e hizo lo mismo con mi ano, fue en ese instante cuando sentí la cabeza acomodándose en medio de mi orificio y comenzó a empujar. Yo no podía definir exactamente que me sucedía, ya que por un lado su miembro me hacia sentir irritantes sensaciones, pero a la vez por momentos, también sentía una indefinible mezcla de gustito y cierto placer, por el movimiento que su duro aparato realizaba en mi trasero.

Al mismo tiempo él me besaba y acariciaba apasionadamente, pero todos mis sentidos estaban alertas al dolor que sentía en mi ano, mientras él empujaba decididamente su garrote dentro de mi culo, tratando de forzar la resistencia de mi esfínter con su vigoroso instrumento.

Intensas puntadas en mi orificio trasero me anunciaron que finalmente había logrado encajar algo más que la cabeza de su grueso aparato, venciendo la resistencia de mis ajustadas paredes anales. Adivinando lo que venía cerré los ojos y esperé, esperé valientemente la estocada a mi trasero, que suponía que iba a ser dolorosa.

Empujó lentamente hasta lograr meter todo su enorme miembro, en mi estrecho y recién inaugurado culito. Al comienzo me dolió espantosamente, pero al poco rato comencé a sentir un gustito más agradable. No sé cuanto rato pasó, solo me di cuenta que me lo había metido entero, enterrándomela hasta lo más profundo.

Luego de algunas profundas embestidas, donde yo notaba que por cada empuje, su miembro se metía cada vez más adentro, mi dolor fue disminuyendo y mi excitación fue creciendo. Recién entonces comencé a disfrutar de esta magnifica experiencia.

Mientras metía y sacaba sostenidamente su pene de mi interior, dirigió una de sus manos hasta mi vulva y comenzó a estimular mi clítoris, aunque aún no dejaba de sentir el quemante padecimiento de mi trasero, las enloquecedoras caricias de Francisco lograban hacer que me olvidara de todo.

Sus dedos me estimulaban, transportándome a todo un mundo nuevo de sensaciones y exquisiteces, que me enardecían al máximo, mientras él me sodomizaba y me masturbaba. Francisco empezó a darme por el culo con toda el alma, perforo mi ano sin cesar, hasta que de pronto mientras me masturbaba aceleradamente, se enterró con una profunda estocada y me mordió en la nuca, yo sentí que su verga se agrandaba y endurecía aún más, dilatando placenteramente mi estrecho recinto posterior, y sentí nítidamente como su pene escupía dentro de mi, expulsando intensos chorros de su moco caliente en sucesivas descargas. Eyaculó rociando mis intestinos con una lluvia de semen espeso y ardiente.

Y podía notar como mis intestinos se inundaron con sus espesos fluidos. Lo más rico fue que mientras él eyaculaba me seguía masturbando mi clítoris, solo instantes después le entregue mis ardientes jugos, bañando sus dedos con mi espeso elixir intimo que brotaba con fuerza, haciéndome acabar intensamente en su mano. El dejo su pene enterrado entre mis nalgas, logrando que mi orgasmo fuera muy intenso y duradero.

Finalmente poco a poco, su estaca fue perdiendo consistencia, aliviando de paso un poco el dolor agudo que sentía en mi trasero. Finalmente me la sacó suavemente, mientras me besaba y me acariciaba me decía que era maravillosa y que no me preocupara porque pronto se me pasaría el dolor. A pesar del dolor y la irritación que sentía en mi ano, había disfrutado como nunca en mi vida, y aunque recién había obtenido un tremendo orgasmo, estaba deseosa de probar nuevamente esta deliciosa sensación, y solo podía pensar en sentir mi ano nuevamente dilatado al máximo por su pene mientras que con sus dedos traviesos me hacia la paja.

Francisco mientras me acariciaba tiernamente, me decía que no me preocupara, ya que de esta manera habíamos gozado los dos y además se había evitado cualquier consecuencia no deseada. A mí me daba un poco de vergüenza, decirle que no solo no estaba preocupada, sino que quería que lo hiciéramos de nuevo.

Fue tan impactante el placer que obtuve, que desde esa oportunidad se desarrollo en mi, una intensa inclinación al sexo, en especial me dejó para siempre una gran afición por el sexo anal.

Hasta antes de Francisco, yo solo había obtenido orgasmos provocados por la masturbación o por alguna rica lamida a mi clítoris. Pero fue con él que conseguí por primera vez orgasmo manteniendo relaciones sexuales.

Claro esta que yo partí al revés de las cristianas, ya que fue mi culo el primero en iniciarme al maravilloso placer del orgasmo con penetración. Mi primer orgasmo vaginal no llegó en la primera vez que Francisco me desvirgo. Aunque esa experiencia fue super rica, no pude obtener mi clímax, a lo mejor influyo el hecho que me lo hizo usando un preservativo, y siempre que se usa esos "asuntos", como que se pierde algo de la magia y de la excitación.

Tuvieron que pasar varios polvos antes de que yo consiguiera mi primer orgasmo como "Dios manda". Yo diría que casi fue producto de una casualidad, como logré conseguir el tan ansiado orgasmo mientras Francisco me penetraba.

Ese día estabamos agarrando con Francisco en el auto, como de costumbre nos fuimos calentando de tal manera, que Francisco por supuesto quiso metérmelo. En esta ocasión sin pasarnos al asiento de atrás, nos acomodamos ahí mismo donde estabamos. Francisco se puso el preservativo y yo me gire hacia un lado dejándole mi trasero a disposición, para que él desde el asiento del chofer, me lo metiera desde atrás.

El procedió a guiar su miembro a mi vagina. Debido a la posición en que nos encontrábamos y a la separación que nos obligaba, la caja de cambio del vehículo, él solo pudo introducirme la cabeza del miembro.

Apenas comenzó a moverse intentando profundizar, note que desde esa posición realmente el miembro se sentía delicioso, Francisco se acercó aún más para intentar profundizar en mi vulva, pero yo me corrí un poquito hacia adelante y nuevamente quede solo con el protuberante glande metido en mi vulva.

En segundos estaba toda mojada y realmente estaba gozando del polvo. Me di cuenta que si él seguía culeandome de esta manera. Yo lograría correrme en pocos instantes, ya que sentía las mismas sensaciones de éxtasis que cuando me masturbaba.

Cada vez me era más claro que lograría acabar, él intentaba profundizar, acercándose hacia mi trasero, pero yo volvía a separarme, consiguiendo mantener el contacto, que tanto placer me producía, para terminar con esta lucha de acércate y aléjate, le dije:

•¡Por favor sigue metiéndome así solo con la puntita!

•¡Estoy que me corro!

•¡Despues te dejo que me lo metas entero!

Seguramente mi estado de éxtasis era tan obvio, que él comprendió de inmediato mi mensaje y secó en sus intentos de profundizar. Comenzó a moverse rápidamente entrando y saliendo de mi concha solo con su cabecita.

A los pocos segundos me invadió la dulce sensación del orgasmo y me corrí maravillosamente. En ese momento en plena acabada, yo misma retrocedí mi culo, y su miembro profundizo en mi concha. Nunca había estado tan encendida, él comenzó a penetrar con su miembro cada vez más adentro.

Cuando sentí que se derramaba, llenando el condón con su caliente liquido, comencé a jadear desesperadamente sintiendo que otra vez me corría, él apuró sus estocadas en mi vulva. Me hizo gozar de manera fantástica, logrando que mi segundo orgasmo explotara voluptuosamente, acabe cimbreándome de manera descontrolada, con apasionados estremecimientos, dejando sobre la superficie del preservativo las húmedas pruebas de mi infinito placer.

Por fin había encontrado un verdadero método para gozar junto al macho, nos habíamos corrido casi al unísono y era la primera vez que lo lograba, ya que siempre antes habíamos tenido que gozar por separado, tomando cada uno su turno. Fue sencillamente insuperable.

Seguí viendo a Francisco durante mucho tiempo, y él me enseñó cosas maravillosas, con él me transforme en una adicta al sexo anal, además hicimos montones de locuras y experimentamos unas aventuras sensacionales.

Desde que comencé con Francisco, para gozar con toda intensidad para mí es imprescindible que el hombre después de un prolongado y adecuado juego previo, use solo el glande durante el coito, en otras palabras que me inserte solo la cabeza del miembro, la sensibilidad de mi clítoris aumenta de manera considerable, si es solo la cabeza la que penetra mi vulva, es casi lo mismo que cuando me masturbo.

Cuando ha puesto todo la protuberancia de su glande en mi conchita, él debe comenzar a fornicarme sin profundizar. Solo cuando consigo correrme, él me puede penetrar hasta el fondo y moverse todo lo que quiera hasta que consiga correrse.

Una pequeña variante que también me hace lograr mi clímax con facilidad, es que en vez de metérmelo, él me ponga su miembro justo sobre mi clítoris y me permita que yo agarrándoselo con la mano me masturbe. La superficie del glande es mucho mayor y más suave que mis dedos, por lo que cuando recurro a esta practica, me corro fácilmente.





Hace un tiempo una buena amiga me pidió que ayudara a su madre con el manejo del ordenador y le diera unas clases de informática. Al parecer su madre se acababa de comprar un ordenador pero no tenia la mas remota idea de cómo funcionaba, por lo que había pensado que yo le podía ayudar porque se me da bastante bien el tema de la informática y porque sabía que me vendría bien el dinero. Acepté en seguida porque iban a ser solo tres o cuatro clases de informática básica y porque me lo pedía una buena amiga.

La madre de mi amiga llevaba unos años divorciada y viviendo sola. Era dueña de una pequeña tienda de antigüedades y se había comprado el ordenador para poder realizar las gestiones de la tienda. Había quedado con mi amiga en que me presentaría directamente en la tienda unos días después, justo cuando fuera la hora de cerrar.

Llegó el día y me presenté en la tienda. La madre de mi amiga me recibió y me dijo que se llamaba Ana y que por favor la tuteara. Yo le dije mi nombre y que si me enseñaba el ordenador podríamos empezar ya mismo. La mujer cerró la puerta de la tienda y puso el cartel de cerrado y me llevó hasta un pequeño despacho. Ahí, encima del escritorio tenía instalado el ordenador. Nos sentamos y empecé a explicarle los fundamentos básicos del manejo del aparato.

Ana era una mujer de unos 50 años. Era de mediana estatura y conservaba una buena figura. Tenía el pelo castaño claro recogido en un pequeño moño. Iba vestida de forma muy formal, con una blusa y una falda por la rodilla. En un principio no me llamó mucho la atención, era la típica mujer madura con un cierto nivel económico.

La primera clase transcurrió muy bien. Enseguida cogimos confianza y el ambiente era muy agradable, que era mi principal preocupación antes de aceptar dar las clases. No quería encontrarme con una vieja estirada pero Ana era todo lo contrario, era muy simpática y agradable. Se notaba por su manera de ser que los años que llevaba divorciada los había aprovechado para vivir la vida y divertirse.

Pasaron casi 2 horas de explicaciones y decidimos dejarlo por ese día. Quedamos en que volvería a la misma hora la semana siguiente. Me pagó lo acordado por la clase y nos despedimos con dos besos en la mejilla.

A la semana siguiente volví. Ana me recibió con una gran sonrisa y dándome dos besos en la mejilla. La noté un tanto distinta, llevaba una falda por las rodillas como la otra vez. Pero esta vez era una falda negra más ceñida que tenía un corte que recorría buena parte de su muslo. Además llevaba un botón de la blusa desabrochado, lo que permitía apreciar el inicio de su canalillo. Ese cambio de indumentaria me hizo fijarme en su bien conservado cuerpo. Tenía unos muslos no demasiado anchos y unos pechos grandes y bastante rígidos a pesar de su edad.

Durante la clase la confianza entre ambos aumentó. Ana reía divertida a todos mis comentarios graciosos y de vez en cuando me miraba fijamente a los ojos. De vez en cuando, al explicarle el manejo del ordenador, nuestras manos se tocaban ligeramente al coger el mouse. También nuestras piernas se tocaban al estar sentados el uno al lado del otro muy cerca. Podía notar su perfume subiendo a través de su escote y su cuello y no pude evitar excitarme un poco.

Aquella noche, al llegar a mi casa, me tuve que masturbar. Durante toda la semana no dejé de pensar en Ana. Me preguntaba si ella sentía deseo hacia mí y me sentía un poco culpable al tratarse de la madre de una amiga mía.

Llegó el día de la siguiente clase y ya no sabía que más podía esperar. Ana iba vestida de forma parecida a la semana anterior, aunque esta vez la falda era un poco más corta, por encima de las rodillas. Siguió con el flirteo que había iniciado la semana anterior. A la más mínima oportunidad ponía su mano sobre la mía y su pierna no se separaba de la mía. Yo empezaba a excitarme y me costaba concentrarme en las explicaciones.

Casi habíamos llegado al final de la clase y empecé a explicarle la navegación por Internet y el uso del correo electrónico. Le mostré como acceder a unas cuantas páginas web y a hacer búsquedas por Internet. A aquellas alturas ya había bastante confianza entre ambos por lo que me pregunto acerca de las páginas web de contenido pornográfico y si le podría mostrar alguna.

"Seguro que conoces unas cuantas, enséñamelas por favor" dijo con sonrisa pícara.

Al principio me sorprendió un poco la petición y me dio un poco de vergüenza pero ella insistió y accedí. Le mostré un par de páginas pornográficas. Se veían a parejas en toda clase de actos sexuales, mamadas, sexo anal, todo tipo de posturas… Ella se mostraba muy interesada y pedía que le enseñara aún más. Parecía que le estaba gustando mucho lo que veía.

Entonces puso su mano sobre mi pierna y empezó a subir hasta ponerla sobre mi pene. Yo estaba muy excitado y el bulto en el pantalón ya era de un tamaño considerable.

"Mmmmm, parece que a ti también te gusta…" dijo ella apretándome suavemente el paquete.

Siguió frotándome mientras mi polla seguía creciendo. Parecía que me iba a estallar dentro del pantalón por lo que me desabroché y me la saqué. Ana abrió los ojos y se mordió el labio inferior sorprendida por el tamaño que había alcanzado en tan poco tiempo.

"Toda tuya" le dije. La mujer no tardó en cogerla con una mano y empezar a masturbarme. En unos segundos ya estaba en su estado máximo de erección. Yo empecé a acariciarle el pelo y la espalda. Me acerqué a su oreja y le susurré:

"Que bien lo haces, que gusto…" y seguí mordiéndole la oreja y el cuello. Acto seguido le puse la mano sobre un pecho, era más grande que mi mano y estaba bastante duro. Separé su silla de la mía y empecé a desabrochar los botones de su blusa. La abrí y descubrí un sujetador blanco transparente que dejaba ver unos pezones grandes y rosados.

Empecé a acariciar suavemente sus tetas con las dos manos, mientras ella seguía haciéndome una paja, y nos besamos apasionadamente. Entonces la cogí por los brazos y la puse de rodillas en el suelo delante de mí. La agarré por el pelo y acerqué su cara a la punta de mi capullo. Ella ya sabía lo que tenía que hacer, inmediatamente se metió mi polla en la boca agarrándola con una mano y se la tragó hasta el fondo.

"Chupa, chupa"

La agarraba por el pelo, marcándole el ritmo a seguir y ella tragaba sin descanso. Su boca caliente y húmeda rodeaba mi duro miembro succionándolo hasta lo más hondo de su garganta. Ana la chupaba como la más experta de las putas, se notaban los años de experiencia y yo no podía dejar de disfrutar sus ardientes labios y su lasciva lengua.

"Sigue, sigue, no pares, lo haces muy bien, mmmm…"

Tenía a una increíble mujer madura, de rodillas frente a mí, chupándomela como nunca. Aproveché para quitarle la blusa y desabrocharle el sujetador. Dejé que disfrutara un poco más de mi rabo mientras yo le sobaba las tetas y le pellizcaba los pezones que estaban bien erguidos. Luego la cogí del pelo otra vez y la aparté de mi polla, la besé y le dije que me ayudara a desnudarme. Me quitó los zapatos y me ayudó a quitarme los pantalones y los calzoncillos mientras yo me quitaba la camiseta.

"Chupame los huevos, por favor" le pedí agarrándome la polla. Me hizo caso y empezó a chuparmelos mientras yo me la meneaba. Primero los lamía y luego los chupaba, metiéndoselos dentro de la boca. Luego volvió a chuparme la polla. Se la metió en la boca y empezó a subir y bajar la cabeza muy rápido, tragándosela hasta el fondo cada vez y sin ayudarse con la mano. Yo me incliné hacia delante y empecé a tocarle el culo a través de la falda. Apretujaba y separaba sus nalgas y pasaba mi mano acariciándole la raja del culo hasta su chumino. El calor de su coño se notaba incluso a través de la ropa.

Yo estaba en la gloria y a punto de correrme ya. La aparté de mí y me levanté. Hice que se tumbara en la alfombra que había en el suelo del despacho y me puse de rodillas con su cuerpo entre mis piernas. Sus grandes pechos quedaban debajo de mí, los agarré y los empecé a sobar con energía. Puse mi polla erecta entre sus tetas y agarrándolas empecé a moverme, de forma que me proporcionara placer.

"Que tetas más ricas tienes Ana…" intentaba decir entre gemidos de placer. "Que cubana más rica me estoy haciendo, mmmmm…".

Seguí deslizándome entre sus senos un par de minutos más, hasta que no pude contenerme y solté una gran descarga de semen en su cara. Grité de placer mientras seguía apretando los pechos de Ana contra mí, hasta haber sacado la última gota de leche de mis huevos.

A la mujer no le hizo mucha gracia. Tenía la cara cubierta de semen e intentaba limpiarse con las manos mientras me reprobaba lo que acababa de hacer. Yo no le hice caso y me dispuse a frotarle el coño con mi mano. Sin moverme de la postura en que me encontraba, le subí ligeramente la falda y empecé a estimular su coñito a través de las medias. Aquello pareció gustarle, ya que dejo de quejarse por la corrida facial que le acababa de soltar y empezó a gemir suavemente.

"Esto te gusta, verdad? Déjame ver ese coñito"

Me moví hasta ponerme entre sus piernas, todavía de rodillas y le subí la falda hasta la barriga para tener mejor acceso a su raja. Me llevé una gran sorpresa al descubrir que solo llevaba puestas las medias, sin ropa interior debajo.

"Serás guarra! Estabas esperando esto y no te has puesto bragas hoy, verdad?" a lo que ella respondió con una leve sonrisa picarona.

Tenía una gran mancha más oscura que el color de las medias en la zona de la entrepierna y su coño se podía ver transparentado. Para ir más rápido decidí romperle las medias y dejarle el conejo al aire. Lo tenía completamente húmedo y abierto, totalmente a mi disposición.

Me agaché y empecé a lamerle toda la raja. Luego me concentré en su clítoris, mientras le separaba los labios con los dedos. Ella gemía desconsolada, agarrándose los pechos y doblando la cabeza hacía atrás.

"Sí, sí…" gritaba de placer. Todavía tenía restos de semen en el pecho y la cara que se intentaba limpiar con la lengua.

Luego le separé las piernas todo lo que pude y le empecé a frotar el coño con los dedos. Cuando los tuve bien empapados de sus fluidos vaginales se los metí por el agujero. Con dos dedos frotaba intensamente el punto G de su vagina. Iba todo lo rápido que podía para proporcionarle el máximo placer. Su cara era de gozo máximo, apenas podía gemir mientras se apretujaba los pechos. No tardo en correrse, soltando gran cantidad de fluidos que dejaron una considerable mancha en la alfombra.

Se quedó unos minutos intentando recuperar el aliento. Seguía con las piernas abiertas y el coñito chorreando, sin casi poder moverse. Yo me senté en la silla y contemplé el cuerpo desnudo y ahogado de placer de Ana. Luego empecé a tocarme el pene para prepararme para el siguiente asalto.

Ya recuperada, Ana se levantó y se quitó la falda. Se quedó de pie delante de mí solo con las medias rotas y unos zapatos de tacón que todavía no se había llegado a quitar. Aquella era una visión excitante, su cuerpo bien conservado y con las curvas justas, sus grandes y duros pechos, un coñito bien depilado y unas piernas perfectamente torneadas. Rápidamente volví a tener una erección. Mi polla pedía guerra, quería meterse en el hoyo en el que hasta ahora solo habían estado mis dedos.

Ana se alegró al ver que volvía a estar listo. Acababa de descubrir las ventajas de un amante joven, siempre dispuesto a la hora del sexo. Su coño soltaba jugos al contemplar lo que estaba a punto de meterse. Aquella polla larga, dura, joven e incansable que yo masturbaba suavemente delante de ella.

"La quieres?" pregunté yo.

"Dámela toda, por favor" suplicó ella mientras acariciaba su cuerpo.

Entonces me levanté, aparté el teclado del ordenador del escritorio para tener sitio y senté a Ana encima. Sus piernas estaban completamente abiertas, enseñándome su coño totalmente dispuesto para el sexo. Me acerqué y empecé a acariciarlo, primero la cara y el pelo, luego los brazos y los pechos para acabar por los muslos.

"Métemela, métemela, no esperes más…" susurraba ella.

Me cogí la polla con una mano y la acerqué a su rajita. Con la punta froté suavemente el clítoris y los labios y finalmente se la metí. Lo hice despacio porque no quería correrme nada más entrar en ese ardiente coño. Era un agujero delicioso, muy húmedo y bastante terso para su edad. Era una delicia follarse ese conejito maduro. Empecé a dar culadas, primero lentamente y luego aumentando la velocidad al ver que mi polla entraba con facilidad.

Ana gemía de placer y gritaba deseosa que la follase. Se inclinó hacia atrás hasta tumbarse sobre la mesa. Sus tetas apuntaban al techo y se movían como flanes al ritmo de mis movimientos. Yo la agarraba por los muslos y se la clavaba hasta el fondo de su vagina.

Tenía la polla tan dura que parecía a punto de estallar. Estar dentro de ese coñito era una sensación increíble. Clavaba mi verga sin descanso haciendo disfrutar a Ana todo lo que podía.

Paré un momento para hacer cambiar a Ana de postura. Le di la vuelta sobre la mesa, poniéndola boca abajo con su culazo justo frente a mí. Era un culo magnifico, lo agarré y empecé a besarlo y a comérmelo. Se la volví a meter y seguí follándomela. Ana se agarraba a la mesa y gritaba como una loca de placer. Su culo se movía de forma sensual apretándose sobre mi polla en cada culada que daba.

De pronto el cuerpo de Ana se estremeció de placer, su espalda se retorció hacia atrás y su vagina se apretó alrededor de mi polla. Volvió a correrse soltando sus flujos sobre mi verga y mis huevos. Aquella corrida y los gritos orgásmicos eran el estímulo que me faltaba, estaba a punto de correrme yo también. Noté el semen subiendo por mis testículos y mi polla, la saqué de su coñito y descargué sobre su culo.

"Me encanta tu leche calentita cariño…" dijo ella mientras se levantaba. Su cuerpo presentaba los rasgos de un gran polvo. Enrojecida por el calor, su cuerpo cubierto de sudor, las medias rotas y sus piernas y su culo empapados de nuestros fluidos.

"Hacia mucho tiempo que nadie me follaba así, me ha encantado" dijo agradecida para después besarme apasionadamente.

Nos vestimos rápidamente y luego ella me pagó por la clase.

"Toma, te lo mereces. Vuelve la semana que viene a la misma hora", me dio dos besos en la mejilla y me despedí de ella.

Aquella había sido una experiencia increíble. Ana era una mujer magnífica que sabía como proporcionar placer y que disfrutaba del sexo al máximo. Estuve toda la semana esperando impaciente que llegase el día de la clase de informática.

Por fin llegó el día. Entré en la tienda y Ana me recibió feliz dándome un gran beso en la boca. Cerró la puerta y me dijo que la siguiera.

Aquel día no fuimos al despacho, Ana me hizo sentar en un sofá antiguo de la tienda, lo suficientemente lejos de la puerta cómo para que no nos pudieran ver desde fuera. Ana se había puesto un vestido largo negro atado por la cintura y que se quitaba cómo si fuera una bata. Lo hizo de pie delante de mí y puede ver cómo debajo del vestido estaba completamente desnuda.

"Llevo todo el día mojada esperando este momento…" dijo mientras se acercaba a mí.

Se me puso dura al instante, me desnudé todo lo rápido que pude y puse mi polla a su total disposición. Ella se puso encima de mí y empezamos a follar. Ana se clavaba con fuerza en mi polla, metiéndosela hasta el fondo y con sus enormes tetas bailando frente a mi cara.

Aquél día follamos también con ella en el suelo a cuatro patas y yo metiéndosela desde atrás. Y al final ella me la chupó de rodillas hasta que me corrí en su cara.

Lo mejor llegó después, Ana me pagó por la 'clase' y me dijo que yo le encantaba y que volviéramos a quedar otra vez la semana siguiente. Aunque esta vez quedaríamos directamente en su casa.

Desde entonces tenemos citas regularmente. Voy a su casa y follamos toda la noche sin parar, en todas las posturas posibles y en cualquier lugar. Ella siempre tiene cantidad de orgasmos y acaba las sesiones agotadas. Y me sigue pagando lo acordado cada vez que nos vemos..




Mi vecina Alicia

..Esta historia, comenzó hace mucho tiempo en el Norte de Perú, mi vecina era una señora de unos 35 años de edad (la llamare Alicia), simpática, blanca, de pelo castaño, casada con 2 hijos pequeños y muy amable, algunas veces me masturbaba pensando en ella.

..Un día estando en casa solo y tocan la puerta, cuando salgo para ver quien era, era ella, mi vecina Alicia, que venia a pedir un favor, resulta que se le había recalentado la plancha y se habían pegado los cables, yo muy atento me ofrezco a ayudarlo y le digo si quiere se lo arreglo (yo en el colegio había llevado un curso de electricidad) , ella me dijo bueno y me llevo a su casa, allí puse mucho empeño en solucionar el problema a veces por tratar de rozar su piel le decía agarre aquí, así fuerte, y presionaba mi mano sobre la de ella, y le decía, no vaya a soltarlo, ella me contestaba no voy a soltarlo y me sonreía. Termine de cambiar los cables de la plancha y le dije que estaba listo y que si tuviera cualquier otro problemita que no dudara en pasarme la voz. Ella me dijo gracias, ¿Cuanto te debo?. Yo le respondí: Ya esta pagado con su sonrisa, ella se sonrojo, y me dijo: Que bromista que eres. Me di media vuelta y me fui a casa.

..En casa me metí a mi cuarto, me desnude y comencé a masturbarme pensando en ella, cerraba mis ojos y trataba de imaginarme el rostro y cuerpo de ella, me excitaba demasiado y terminaba eyaculando al mismo tiempo que gritaba el nombre de mi vecina: Alicia, se me viene, ahí esta toda tu lechecita.

..Después deje de verla, ya que yo por mi edad andaba en la joda con los amigos y pensé que mi vecina nunca se iba a fijar en mi, ya que yo era muy menor para ella (24). Y así paso el tiempo, cuando voy a casa y veo una tarjeta de invitación, al leer la tarjeta para ver de quien se trataba y oh sorpresa, era el cumpleaños de mi vecina.

..Unos días antes del cumpleaños me cruzo en la calle con Alicia, mi vecina y ella me dijo sonriendo: Te espero en mi cumpleaños, a lo que yo le respondí con una sonrisa que si.

..Llego el día esperado, la fiesta estaba llena de gente y amigos del barrio. Ella estaba allí, atendiendo a los invitados, cuando llegue yo con unos amigos se porto muy amablemente conmigo y nos hizo pasar, me presento a su esposo y a otros familiares, ella estaba vestida elegantemente, con un vestido de infarto, que se le notaba sus voluptuosos pechos y aquel vestido tenia una abertura en la pierna que se le notaba hasta el calzón. Cuando llego las 12, Alicia bailo con familiares primero y amigos después. Yo fui uno de los últimos en bailar con ella. En pleno baile, le digo a Alicia lo bonita que esta, ella solo sonreía, le dije también con un poco de temor que me gustaba su sonrisa y que con ese vestido puesto parecía un princesita. Parece que le gustaba lo que le decía ya que ella, sonreía y me decías: eres un loquito, en pleno baile, como tenía una mano en su cintura, comencé a frotar un dedo en su cuerpo, y ella me miro fijamente a los ojos, los vi brillar y dije ya cayo. Cuando termino la música Alicia me dijo gracias por todo y también por venir.

..La fiesta continuo, entre tragos y baile, yo cada vez que sacaba a bailar a Alicia, ella estaba un poco mareada y yo le seguía insinuando, ella me decía: eres un diablito, yo le conteste: ¿Quieres conocer mi infierno?, esta muy calentito, ella se comenzó a reír. El bailar con ella, tocar sus manos, su cuerpo, sentir el perfume de mujer que traía puesto me excito, eran como las 4:00 de la madrugada, ya mucha gente se había ido de la fiesta, solo quedaron unos cuantos familiares de ella y su esposo que estaba profundamente dormido. Ella les dijo que podían descansar en el cuarto de su hijo. Me dijo: Espérame, ya regreso. Fue con sus familiares y los llevo al cuarto, cuando regreso, me dijo ayúdame a llevar a mi esposo a su cuarto por favor. Ambos llevamos a su esposo y lo dejamos en su cama. Salimos hacia la sala y ella me dijo gracias por todo. Yo le dije. Estoy para servirte y le doy un beso. Ella me correspondió y con sus brazos me rodeo el cuello, yo le agarre de la cintura e hice que su pelvis chocara contra mi miembro que estaba parado, le dije que siempre me había gustado, y la volvía a besar.

Saque los senos por encima de su vestido y los comencé a chupar, ella me dijo: Aquí no, nos pueden; yo que estaba con la arrechura no le hice caso y seguí chupando sus ricos senos, la tire en el sillón y me eche encima de ella, ella decía: por favor aquí no, se puede levantar mi esposo o alguien, pero yo la bese y dejo de hablar, me correspondía a los besos, con una mano me baje el cierre del pantalón, y con la otra le saque el calzón a ella, ella agarro mi pene y se lo coloco en la entrada de su conchita, que rico - me decía, me moví un buen rato luego le dije quiero chuparte esa conchita, hace tiempo que lo he deseado. Es tuyo papi - me dijo. Hazme todo lo que quieras, acerque mi cara en su conchita y comencé a chupársela, ella comenzó a gozar, le chupe toda la vagina, que rico que estaba, después de un rato comencé a subir por el ombligo, besándola y dándole pequeñas mordidas. Subía y bajaba, Alicia gemía de placer, luego me dice métemela amor, soy toda tuya; se la metí, ella gemía mas rápido, comencé a moverme algunas veces rápido y otras despacio; cambiamos de posiciones varias veces, pero la posición que mas le gusto fue la del perrito. En esa pose pude ver su hermoso cuerpo y lindo trasero, por dios que culo que tenia.

Le hice el amor un buen rato, con los flujos vaginales que salía, lo cogia con mi mano y se lo untaba en el ano, parecía que le gustaba por que yo le preguntaba si le gustaba como le hacia el amor, ella me respondió que si. Ambos estábamos sudando y le dije que iba a sentir algo rico en su conchita, ella sonrió. Siento que se me viene la leche, la aprieto hacia mi y la beso con todas mis fuerzas, Alicia se me viene, se me viene - le dije, ahhh, que rico mi amor; inunde su conchita con leche y caí extenuado sobre el sofá. Le dije: mi amor espero que este no sea la primera ni la última vez. Ella sonriendo, me dijo: Gracias por el buen regalo de cumpleaños, a sido el mejor de todos.

Otro día nos vemos - me dijo. Ándate a tu casa a descansar que yo voy mas tarde a verte. Le di un beso y me fui.





Hace varias semanas atrás nos fuimos con mi esposo e hijos a pasar unos días a la estancia de un amigo, él es soltero y cincuentón, no daré su nombre ni la ubicación del lugar para mantener su privacidad, si les daré el nombre del capataz de la estancia Alfonso, él es un hombre de 45 años, grande robusto de hombros anchos bien parecido y manos grandes de dedos gruesos, sus manos parecen un racimo de vergas, y no miento.

Al llegar nos instalamos en la casa es tipo española amplia grandes ventanales, dormitorios grandes, y bien amueblada, atrás de la casa tiene un patio grande con una piscina, y un quincho tipo barbacoa, a unos 100 metros de la casa se encuentra el lugar donde descansan los peones, son varias piezas individuales, con una sola cocina para todos ellos, la paz y tranquilidad que se encuentra en ese lugar es indescriptible, no voy a relatar lo que fue el día a día, pero si dire que al tercer día una se entra a aburrir, para quien no se encuentra acostumbrado a estar fuera de la ciudad les aseguro que te re aburrís, nuestro amigo se iba temprano al campo a trabajar volviendo a veces a medio día a comer (la que cocinaba era yo, SI se cocinar y bien rico), y otras veces volvía entrada la tardecita, otra cosa es impresionante lo rápido que oscurece en el campo, son las 10 de la noche y parecen las doce o una de la madrugada, hay un silencio, solo se escucha algún que otro tero, el mugir de las vacas, el balar de las ovejas, como aburre.

Debido a que los días que hacían eran de calor, yo llevaba unas calzas de lycra, tops de lycra y alguna que otra blusa más o menos transparentes, unos jeans, varios shorts de jeans, bien cortitos que se me meten en la cola dejando mis nalgas mitad fuera mitad dentro del shorts y también unos shorts en lycra, estos ya aún más atrevidos porque de atrás son bien metidos en la cola, y dejan todas mis nalgas al aire, son bien justitos (los compro un talle menos) así que se me marcaba bien clarito los bordes de mi tanga(en verano cuando ando de shorts en mi casa mis vecinos se deleitan la vista y mis vecinas tuercen la cara, pero poco me importa), también llevé un bikini de dos piezas color rosado fuerte, si bien de arriba me encanta ya que es bien chiquito y apenas tapa mis pezones, de abajo no es tan como a mi me gusta, no es tipo cola less, acá de esos no se consiguen ni a palos, recuerdo un día con mi esposo fuimos a una tienda que se dedica a vender todo tipo de mallas, pedí un cola less, y la dependienta me miró con una cara diciéndome, no señora acá esas cosas no vendemos (cavernícolas) .

Bueno yo pasaba mis días re tranqui (no fui con intención alguna, solo a descansar) me levantaba tarde, mis hijos estaban a sus anchas salían al campo andaban de aquí para allá, mi marido bollando en la vuelta, me dediqué por las tardes a tomar sol cerca de la piscina, sin tener problemas porque los peones no se acercaban a la casa, eso si el único que andaba era Alfonso debido a que era el capataz entraba y salía de la casa a cada rato de primero no le di importancia alguna, pero él si me miraba y mucho, ya dije que iba a descansar y relajarme, eso si por las noches cogía con mi marido teniendo siempre mi buena ración de leche, palabras obscenas (cosa que me encanta que me digan), mi buena chupada de concha, como me chupa la concha el hijo de puta , me hace gozar como loca con esa lengua aunque no era todas las noches porque a veces él y nuestro amigo, se iban a la cocina de la cuadra a jugar al truco y tomarse sus buenos vasos de vino con los peones, no me molestaba mucho porque había TV. satelital, pero igual me estaba entrando a aburrir, mis hijos con todo el trajín del día se acostaban más temprano de lo normal, y yo necesitaba algo más, sería más bullicio quizás no se, lo bueno fue que una tarde me encontraba en la sala viendo TV con mi esposo y le dije me estoy aburriendo, la verdad que extraño la ciudad, no nos habíamos percatado que Alfonso estaba en la casa se nos acercó y me dijo: Señora pero si usted no sale de la casa tiene tanto campo para recorrer mire para acá abajo hay una cañadita es un lugar muy lindo.

Si querés vamos dijo mi esposo, no gracias no voy a andar caminando por el campo, y entre las espinas. Pero pueden ir a caballo señora dijo Alfonso. A caballo ni loca no se ni andar me llego a caer o me patea el caballo no gracias. Mira Viki si querés él te enseña no es así Alfonso. Si por mi no es problema. Mira mañana te contesto ¿si? Déjame pensarlo, y lo miré a mi marido. Alfonso se fue y le pregunté y vos que andas buscando que te haga aún más guampudo ¿eso querés?, el sonrió y me dijo nada más no quiero que te aburras, en la tardecita le pregunté a nuestro amigo si el capataz podía enseñarme a andar a caballo. Si no es problema, dijo él.

Asi fue a la tarde luego de comer esperé que viniera Alfonso, me había puesto, un short de jeans bien cortito, está tan deshilachado el pobre que más que un short parece una tanga de jeans, desde atrás deja todos los cachetes de mi culo al aire, y por delante si estoy sentada y abro un poco mis piernas se me notan los bordes de mi tanga y la parte de arriba de la bikini, nos sentamos afuera con mi esposo, cuando lo vemos venir a mi futuro macho, lo miré con mayor atención y no estaba nada mal un hombre grande espaldas anchas, brazos fuertes y eso si un poco barrigón pero no mucho, cuando me enfrentó cruce mis piernas para luego descruzarlas y abrirlas lo suficiente para que viera mi entrepierna. Está pronta señora para ir a andar a caballo. Si vamos, vos vas amor le dije a mi marido(sabía que No) y asi fue, no yo me voy a acostar un rato dijo él (que hermoso marido cornudo tengo siempre dejándome lugar para poder gozar con otro macho no es divino un marido asi). Pero mire señora asi no va a poder ir, lo digo por sus piernas mire que la montura es algo incómoda. Puta madre pensé acá con este no pasa nada .-bueno ya me cambio dije con vozde ofendida.

Me puse una calza blanca bien justa y una blusa en lycra negra y transparente que se notaba bien claro mis aureolas y mis pezones, y de gusto una tanga negra la cual metí aún más entre mis nalgas si es que se podía, me miré al espejo y si se renotaba, por delante se me había metido bien en la concha resaltando mis labios vaginales y de atrás se notaba un triangulito negro, largo y fino que subía hasta mis caderas, pareciéndose más a un tipo dental, me calcé con zapatillas deportivas, lentes oscuros y pronta. Al salir lo crucé a mi cornudo esposo y me dijo mamita que divina que estás. Si es cierto pero no para vos perrito guampudo .- salí afuera y Alfonso me esperaba ya cerca de la cuadra bajo un árbol con dos caballos ensillados, fui hasta él y le dije nos vamos, poniéndole carita de cógeme por favor y voz de nena puta, me ayudó a subir y estoy segura que se deleitó con la vista demi culo al cruzar una de mis piernas sobre el lomo del caballo, se lo imaginan todo mi culo en pompa bien parado con una calza blanca bien justita y esa tanga negra, aparte traté de hacerlo lo más despacio que pude, bueno la cuestión fue que subí, pero me entró un miedo muy grande, para peor el caballo de mierda se movió, y ahi me asusté mucho, temí caerme, y le dije bájame, bájame que me caigo, me ayudó a bajar y me dijo si quiere vamos los dos en uno damos una vuelta pierde el miedo y después vemos.

Bueno probamos pero con una condición no me digas más señora decime Viki. Está bien señora digo Viki. Me subió al caballo de él, después el subió detrás mío y salimos despacio, comencé a sentir el olor a sudor que emanaba ese olor a macho, a hombre de campo y sentí un pequeño cosquilleo entre mis piernas, yo llevaba las riendas con mis dos manos, más atrás, él las sostenía con la otra y su mano derecha la tenía sobre mi cintura (para que no se vaya a caer dijo) salimos al campo y como más de uno sabe el andar a caballo te lleva en un vaivén de adelante hacia atrás, me empezó a gustar eso sentía su pelvis detrás de mi cola, y comencé a ir aún más atrás va y viene va y viene, ya estaba remojada, mis pezones duros como piedras, creo que por instinto no mas llevaba la cola aún más atrás, me gustaba ese jueguito me excitaba nunca me había pasado algo asi, lo disfrutaba si, pero yo ya estaba queriendo algo más, estaba disfrutando eso cuando me dice: Si querés Viki volvemos. No todavía no, estoy bien así, le dije creo que eso fue lo que esperaba que le dijera, porque ahi no mas empujo su cintura para adelante y yo le respond
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Porongo te la muestra
Ibrahim Sekagya (45 cm)
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« Respuesta #1 : 21 de Mayo de 2007, 04:50:07 »

ya me canse...que alguien me haga un resumen!  :lol:
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SI ALGUNA VEZ SENTISTE AMOR, COSA QUE NUNCA VAS A PODER EXPLICAR, AHI VAS A ENTENDER PORQUE ESCUCHAMOS TRANCE TODO EL DIA
Silvio
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« Respuesta #2 : 21 de Mayo de 2007, 06:09:04 »

lei una parte es mucho :P
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Seran deleteados o sancionados aquellos que pongan cualquier cosa como caracteres falsos en los post, los que repiten y la famosa palabra "a ver" o "gracias" para ver los posts,
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